miércoles 29 de septiembre de 2010

ACCIÓN POSITIVA

Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en suplemento 'Cultura/s', La Vanguardia, Barcelona - Número 432

Jaume Coll y Judith Leclerc recibieron el pasado mes de junio el premio que otorga la Asociación de Vivienda Pública de Cataluña por su bloque de viviendas sociales en el barrio leridano de Pardinyes. El edificio, promovido por el Institut Català del Sól, integra una eficaz aplicación de los materiales que logra simultáneamente unos elevados parámetros de eficiencia energética y un valor estético singular y en el que se ha definido una propuesta tipológica espacial con un alto nivel de flexibilidad para adaptarse a las necesidades y condiciones específicas de sus residentes.

El bloque contiene 44 viviendas de protección oficial en régimen de alquiler, cada una de las cuales con un superficie de 60m2, cuyo interior está planteado como una sala fluida sobre la que articulan dos posibles espacios compartimentados que, mediante puertas correderas, ofrecen la posibilidad de crear fácilmente una distribución reversible y adaptable del espacio (bien creando zonas de uso privado o bien haciendo de la estancia un espacio único diáfano). Se abren al exterior por dos porches abiertos a la fachada, concebidos como espacios de transición entre dentro-fuera, que rompen con el concepto convencional de terraza y permiten una mejora en el control climático, de visuales y de seguridad para cada vivienda.

Tres años después de haberse asociado con sedes temporales en París y Nueva York, Judith Leclerc y Jaime Coll establecieron su estudio permanentemente en Barcelona en 1996, tras ganar el concurso para la construcción del Conservatorio Superior de Música, Danza y Teatro de Baleares. El Polideportivo Bonaigua (Sant Just Desvern), la Escuela Primaria Nostra Llar (Sabadell), el Centro de Salud en Montilivi (Girona), un edificio de 42 viviendas sociales en el Fòrum ,el Parque TMB (Cubierta Ecológica sobre la estación de autobuses de Horta), el complejo LV o la Reforma de la Plaça Urquinaona (todos ellos en Barcelona) destacan entre su obra.

En ellos se percibe el perfil del arquitecto presente a través de cuya posición mental y su trabajo se concilia y se resuelve el encuentro entre los conceptos y aspiraciones de la modernidad con las formulaciones tecnológicas e ideológicas de la arquitectura del siglo XXI.

Como evidencia su edificio de Equipamientos Londres - Villarroel (viviendas para jóvenes, escuela primaria, guardería y estacionamiento) en Barcelona, donde se formula una reivindicación de la idea de isla permeable que había en el origen del proyecto urbano del Eixample, su arquitectura se sitúa, comprometidamente, en el ejercicio de un diálogo crítico y de acción-respuesta que, desde otro planteamiento, se reconoce también en la propuesta de las viviendas de Lleida y en ese cuidado diseño de un juego visual que se desarrolla mediante los materiales, la presencia del color verde (el color es un elemento que Coll y Leclerc saben manejar y aplicar haciendo que sea algo más que un accesorio lúdico-estético), un ritmo de lleno-vacío, que producen un atractivo que aleja estéticamente al edificio de la monotonía de la periferia construida, un gesto con el que se evidencia la atención con que interpretar este edificio como una presencia que quiere intervenir positivamente en la construcción del paisaje urbano y manifiesta implícitamente un reconocimiento del valor que merece un edificio de vivienda social y sus residentes.

Jaime Coll y Judith Leclerc forman parte de una generación que demuestra que la gran arquitectura puede producirse en espacios mínimos y con recursos contenidos, revitalizando el original espíritu revolucionario, y asimismo sensible, de la arquitectura social frente un panorama arquitectónico donde, en las últimas décadas, la construcción se ha decantado por un desaforado objetualismo. Ante éste, actitudes como la suya y otros de los arquitectos que llevan tiempo comprometidos con el progreso en la calidad material y conceptual de la vivienda social, se plantean -ante un panorama en agotamiento del dominio de edificios egocéntricos- como una firme respuesta de transgresión y subversión. Y como una actitud de acción positiva para el estado de crisis.

sábado 11 de septiembre de 2010

CARTOGRAFÍAS URBANAS

Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en el suplemento cultural de ABC, Madrid - Número 962


Apuntaba el recientemente desaparecido William Mitchell en e-topía: “la arquitectura ya no es simplemente el juego de los volúmenes bajo la luz: ahora incluye el juego de la información digital bajo el espacio.” Esa razón hace imposible analizar actualmente la ciudad única y estrictamente a través de su materialidad. La velocidad de la evolución  de la tecnología digital ( y el modo en que modifica nuestros modos de hacer, de comunicarnos, de habitar) se acelera exponencialmente, superponiéndose a la lentitud con que, comparativamente, se modifica la ciudad. Hoy vivimos en entornos construidos sobre los que se halla superpuesta otra capa de ciudad, construida mediante la tecnología, y que interviene de una manera que  es absolutamente decisiva para entender cuáles son las dinámicas reales de la urbe contemporánea y, consecuentemente, plantear su definición.  El análisis de esas nuevas formulaciones experimentales a través de las que analizar la ciudad actual es el tema de Habitar. Redibujar el entramado urbano, una exposición que podrá visitarse en LABoral hasta el 8 de noviembre y que se trata de una nueva propuesta del proyecto Mediateca Expandida.

José Luís de Vicente y Fabien Girardin, comisario y asesor conceptual respectivamente de esta exposición, plantean que uno de los conceptos ‘posibles’ para explicar la evolución del pensamiento arquitectónico y urbanístico desde la segunda mitad del siglo XX hasta el presente sea el de la  progresiva desmaterialización de la ciudad: “la ciudad hoy pasa a ser vista cada vez menos como un espacio construido y cada vez más como el conjunto de procesos dinámicos y flujos humanos que suceden sobre su infraestructura”.  Desde este concepto, urbano a través de las  diecisiete propuestas producidas por artistas, estudios de arquitectura y diseño así como centros de investigación y media labs y los ensayos presentes en el catálogo que la acompaña, que hacen patente cómo el paisaje urbano actual precisa de la producción e intervención de nuevas metodologías para analizar las dinámicas que suceden sobre el espacio urbano. La exposición presenta una perspectiva de la heterogeneidad de prácticas, herramientas, soluciones y lenguajes que se están desarrollando para analizar las nuevas condiciones de lo urbano y cómo se está redefiniendo la experiencia del espacio íntimo y público, en paralelo a esas modificaciones que están atravesando las cualidades de lo urbano.

Esas propuestas que integran Redibujar el entramado urbano nos sitúan ante la afirmación de la necesidad de abordar el análisis sobre la ciudad contemporánea casi obligatoriamente desde una aproximación experimental que permita la integración multidisciplinar de conocimientos que permitan elaborar esos nuevos procesos y sistemas de análisis que no sólo permiten la computación y registro de datos desde una finalidad meramente estadística, sino también comprender cómo esos patrones de uso y la información digital amplifican la consciencia colectiva del medio urbano como un organismo vivo.

Molly Wright Steenson sintetiza en su ensayo el potencial que estos nuevos modos de analizar y describir la ciudad proponen: “Nuestros cuerpos son el hardware y nuestro comportamiento el software. ¿Cómo se funden nuestros cuerpos con estas ciudades nuestras intermediadas por el software? ¿Y cómo pueden nuestras ciudades aprender de nosotros? “. Éste es un concepto que examinan los proyectos desarrollados por SENSEable City Lab, donde mediante análisis de las dinámicas en tiempo real mediante datos tomados de teléfonos móviles y vehículos en un fragmento de tiempo concreto con motivo de un acontecimiento especial en la ciudad, la visualización de la ciudad desde una perspectiva aérea o el seguimiento de la basura pueden ayudar a detectar y reducir las ineficiencias existentes en el sistema urbano.

“Las perspectivas de la urbe como un conglomerado histórico de construcciones e infraestructura se ven aumentadas por unas visiones dinámicas de la ciudad con sus redes de información, tecnologías móviles, movilidad creciente de los ciudadanos y presencia de parámetros medioambientales. Estas arquitecturas blandas e invisibles dan forma a unos entornos sensibles y reactivos dotados de unas capas informacionales integradas en el diseño real del espacio físico” explican de Vicente y Girardin, manifestando cómo estos sistemas se abren a la interacción de los habitantes de la ciudad con su tejido, proponiendo lo que puede entenderse como una nueva posibilidad de relación a nivel sensorial e incluso político con ella.

Éste último aspecto es el que abordan con interesante claridad los ensayos de Benjamin Weil y José Pérez de Lama corroborando cómo las dinámicas de la era digital y los nuevos modos de analizar la ciudad, evidencian el colapso de la racionalización e ideal estandarizado del espacio público al ofrecer la posibilidad de hackearlo y generar inusitadas formas de reapropiación de ese territorio, reafirmando a la vez la identidad individual del ciudadano.  

Dentro de este territorio político y planteando la necesidad de reflexionar acerca de cuáles son los límites democráticos para la tecnología, se encuentra en la exposición el proyecto Kit de supervivencia para  ciudades sensibles de Mark Shepard:  una propuesta de dispositivos electrónicos y software personalizados que plantea una concienciación acerca de los riesgos sobre el posible advenimiento de una proliferación de sistemas de información que generen una ciudad inteligente, eficiente y ‘sensible’ a las dinámicas de cada individuo, pero con el inherente riesgo de culminar en generar una ciudad controladora y sobre-codificada que limite la autonomía y privacidad del ciudadano para habitarla.  Frente a esta necesaria especulación, se plantea como posibilidad de respuesta un proyecto como ‘Citilab-Cornellà’, basado en la idea del software libre y en el objetivo de crear una red on-line que integre a instituciones, empresas y particulares que repercuta en la calidad de la vida cívica e inocule en ella nuevos estímulos  de innovación.

Redibujar el entramado urbano reafianza la idea de que la ciudad contemporánea ha adquirido a través de la tecnología digital una nueva condición como elemento vivo, y es que preciso examinarla a través de esa nueva dimensión tecnológica e imbuyendo de experimentación a las formas reales de vivencia de esa tecnología en el espacio que habitamos.

sábado 4 de septiembre de 2010

PERVIVENCIA MODERNA



Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en el suplemento cultural de ABC, Madrid - Número 961 
(Entrevista a Ana Tostoes, directora de DOCOMOMO Internacional)

Desde el pasado mes de mayo, la sede internacional de DOCOMOMO se encuentra establecida en la Fundación Mies van der Rohe de Barcelona, bajo la dirección de la arquitecta e historiadora portuguesa Ana Tostoes.  Previamente, fueron Eindhoven y París las capitales que acogieron la sede de esta organización, fundada en 1988 por Hubert-Jan Henket y Wessel de Jonge, con objeto de preservar el legado de la arquitectura del Movimiento Moderno y que actualmente  cuenta con capítulos en cincuenta y tres países.  

Las tareas de la organización se centran en la documentación y conservación del patrimonio arquitectónico moderno (abarcando edificios, urbanismo y paisajismo) entendiendo que la recopilación y estudio de la documentación resulta  indispensable para poder plantear las intervenciones que garanticen una correcta conservación de este legado, que posee una doble vertiente: material e ideológica, no sólo desde una intención de protección de su valor histórico sino sobre todo de exponer su vigencia presente.  

Surgida dentro del universo de la sociedad industrial, la arquitectura del Movimiento Moderno aunó la posibilidad de crear una belleza y una visión de sociedad a partir de ideas constructivas absolutamente innovadoras y el uso de nuevos materiales. Su génesis fue esencialmente europea pero adquirió alcance mundial, con manifestaciones concretas en las ciudades más industrializadas y expresiones regionales muy concretas, producto de  las condiciones físicas y culturales de cada lugar.  El periodo moderno está adquiriendo hoy la categoría de monumento, pero no entendido como un monumento fosilizado sino como un elemento donde la comunidad se reconoce y se identifica y que, por lo tanto, no puede ser destruido” explica Tostoes.

¿Cuáles son las directrices de trabajo que se han marcado para esta nueva etapa?
Por un lado, efectuar un balance de las dos décadas de actividad de la organización, de la que ya comienzan a constatarse resultados positivos; reforzar la relación de DOCOMOMO con arquitectos, constructores, etc. para insistir en la realización de inventarios, rehabilitaciones… Y, por otro lado, profundizar en el conocimiento de la arquitectura moderna africana. La Península Ibérica tiene una localización óptima para llevar a cabo el estudio de este patrimonio del que apenas existen estudios. Igualmente, lo es para la relación con las delegaciones de América Latina, que son particularmente activas. La concreta ubicación en Barcelona es asimismo perfecta para la conexión con la zona mediterránea. Todo esto sin descuidar, evidentemente, las relaciones con los capítulos internacionales.

Lejos de ser arqueólogos de la modernidad, en la propia actividad de DOCOMOMO parece subyacer una neta reivindicación del espíritu de ésta.
Manfredo Tafuri hablaba de un tipo de investigación operativa, y ésa es la actitud que busca aplicar DOCOMOMO, que surgió frente a la eclosión de manifestaciones posmodernas que trataban de distanciarse de  la herencia moderna. En las generaciones contemporáneas más jóvenes se detecta un gran interés por la arquitectura del movimiento moderno, puesto que es una arquitectura de pasado pero que representa el presente y que puede ser futuro, y que ha sido muy decisivo para la consolidación y difusión de DOCOMOMO. Se aprende a ser nuevo con el buen moderno.  Estoy convencida de que nos encontramos aún en un momento de modernidad: Octavio Paz apuntaba que la modernidad es algo que se encuentra en permanente transformación y creo que la arquitectura se encuentra ahora mismo en esa situación.

Es imposible disociar la dimensión de innovación constructiva y estilística que planteó la modernidad de su dimensión de renovación ideológica, de un nuevo ideal social y humano.
El estudio de la documentación  que lleva a cabo DOCOMOMO va más allá de lo relativo a materiales sobre la génesis y al proceso constructivo de cada edificio –recursos indispensables  para plantear su conservación-, dada la marcada dimensión política de este movimiento, en el que cada edificio, más allá de constituir una propuesta de estilo, imbuía unos conceptos acerca de la construcción de una nueva sociedad más igualitaria.

Esto se contrapone claramente con la crítica situación de fastos formales pero vacío ideológico que distingue al momento actual.
La arquitectura moderna acabó fascinando a poderes políticos y económicos y sus principales figuras fueron reclamadas por todo el mundo para construir pero de una manera que no es análoga al del star-system actual – dentro del cual creo que sí hay verdaderos buenos arquitectos, en la obra de algunos de los cuales la modernidad ha persistido de forma excelente, aunque la sociedad no se haya vuelto enteramente justa.  Aquellas figuras modernas siempre fueron  responsables con su compromiso de responder con belleza a la realidad concreta de donde construían.  Eran individuos que generaban ideas y opinión sobre el desarrollo de la sociedad, trabajaron desde el ideal de producir un nuevo mundo mejor, un concepto que se ha perdido en el discurso contemporáneo.
Hoy la arquitectura cede al encargo, a los intereses de los lobbies, lo que hace que las preocupaciones de los arquitectos sean muy distintas a las que tenía el arquitecto moderno y no se está produciendo tanta opinión. Por esta razón, el trabajo de DOCOMOMO tiene esencialmente sentido no como ocupación sobre el pasado sino como continuidad del concepto de modernidad.

miércoles 1 de septiembre de 2010

FILOSOFÍA DEL DESIERTO


Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en suplemento 'Cultura/s', La Vanguardia, Barcelona - Número 428


Desde 2006 y emplazados en Almería, Eva Luque y Alejandro Pascual operan con el seudónimo de ‘LosdelDesierto’: los que han elegido situarse en ‘tierra de nadie’, tomando la idea del desierto como una “des-ubicación” en la que el propio hecho de “no lugar es pre-disposición”.   Tras esta formulación se articula la determinación para construir la búsqueda de una manera propia de entender qué significa ser arquitecto y hacer arquitectura.  De alguna manera, las connotaciones de la crudeza y aridez de lo desértico subyacen en la formulación de lo que consideran su actitud, que definen a fondo a través de la noción de ‘arquitecto Hard-core’, marcando un énfasis en el deseo de independencia y libertad que surge del hecho de situarse en la distancia y de la necesidad de concentrarse en desarrollar un conocimiento que les capacite para saber cómo y cuándo utilizar los diferentes recursos instrumentales que van poniéndose a su disposición – un factor que toman del ‘bricoleur’ descrito por Levi-Strauss en El Pensamiento Salvaje- .  

Luque y Pascual, que recientemente han recibido el galardón Arquitectura Plus al Estudio Joven de Arquitectura Más Prometedor,  reivindican esta situación y actitud como formas de poder ‘liberarse de criterios asumidos, y no desfallecer ante los ritmos rimbombantes que azotan a la arquitectura’.  Su predisposición parte del rechazo a todo ‘arquetipo supuestamente bello’ y en el que se presta atención a todo artefacto tecnológico que actúe como ‘colonizador de territorio’, el arquitecto se transforma en un ‘parásito’ que ‘capta e interpreta el entorno (no-lugar) para generar un nuevo paisaje’, un planteamiento que queda bien ejemplificado en su Pabellón en Garrucha, con el que se analizan cómo el ideal moderno de espacio homogéneo, fluido y transparente puede ser desarrollado a partir del modelo de los sencillos y característicos invernaderos del campo almeriense, garantizando además unas condiciones elevadas de ahorro energético.  

No descansar, ni  limitarse a realizar las cosas pre-supuestamente consignadas a la labor de arquitecto” afirman en su ‘Manual del Arquitecto Hard-core’,  un ideario de acción – manifiesto en el que se hace patente su reconocimiento y reivindicación de un nuevo statu quo en la arquitectura, en el que el principal sujeto a transformarse debe ser el arquitecto: su posición ante la realidad y el modo en que debe estar atento a la configuración y dinámicas de sus procesos mentales (quizás también instintivos) ante ella, capaz de saber adaptar e integrar medios y formatos procedentes de otros territorios y que son constituyentes para la comprensión de este presente (visualización de datos, programación, mercado industrial, sistema mediático…).  

La actitud hard-Core argumentada  Luque y Pascual no alude a una dureza estética ni a una radicalidad agresiva sino de preservar con intransigencia el más puro sentido ético del hacer arquitectónico, asumiendo una actitud contemporánea que propone una posibilidad de acción para la arquitectura, entendida como cercanía y servicio. Esto se constata en edificios como su guardería en Velez Rubio, concebida como una ‘casa grande’ para los pequeños, dotada de multitud de colores y formas; o su centro de salud en esa misma localidad, un esfuerzo por dotar de identidad a un edificio con esta función, reconfigurando la estrategia habitual de suma de piezas con que éstos son planteados para generar un sistema flexible, que se solidifica en un cuerpo compacto amorfo, planteando un exterior de apariencia confusa pero en la que vibran cromatismos y conceptos relativos a la sensorialidad del lugar.  

LosdelDesierto reivindican un arquitecto capaz de hacer rendir los medios desde la máxima eficacia, el mínimo coste y el máximo resultado, concentrado en construir un edificio específicamente hecho para su uso inmediatamente determinado, consciente de que un proyecto y un edificio son una situación virtual, un ‘estado temporal en el espacio’, una condición que despoja al edificio de la dimensión objetual a la que se le ha estado otorgando preeminencia durante el tiempo reciente, para dotarlo de una dimensión que más tiene que ver con la dimensión mutante y de incertidumbre del tiempo en que actualmente vivimos. 

Fotografía: David Frutos