sábado 10 de octubre de 2009

ORDOS 100: FINALES, NO PRINCIPIOS











Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
EXTRACTO del artículo 'Ordos 100: Finales, no principios' publicado en EXIT Express, 46, Octubre 2009.



ORDOS 100 no es indudablemente el único pero sí que seguramente representa un punto culminante, por su masiva densidad, del disparate objetual en que se ha convertido una parte importante el mercado de la arquitectura de hoy. La descontextualización y la confusión más flagrante, que produce considerar una casa una escultura, y multiplicar por cien ese error que sólo puede respetarse en casos magistrales, y tal vez, peor que trocar los conceptos ‘escultura’ y ‘casa’, es transformar la vivienda en un juguete.

ORDOS 100/ORDOS Project se ha transformado en un muestrario del desconcierto en que se encuentran gran parte de los arquitectos y la deriva en la que la cultura de la celebridad ha sumido al proyecto arquitectónico actual.

Proyectado por una generación no sólo fascinada por la imagen sino por la pretensión de una fama global inmediata. Sin objetivos que vayan más allá de la inmediatez del desconcierto provocado por el efecto de la globalización, que ninguno de estos arquitectos ha asumido como un cambio total del paradigma que requiere ser analizado y asimilado para no emprender proyectos como éste con la frivolidad que éste se ha hecho, en donde los máximos responsables, arquitectos vanidosos y cargados de hipocresía, no han sabido o no se han tomado el esfuerzo de coordinar y guiar los proyectos para poder dotar a este proyecto de una energía trascendente y potencialmente revulsiva, transformadora.

ORDOS Project ha tenido la posibilidad de marcar un punto de inflexión, de abrir una puerta hacia el futuro, pero ha culminado convirtiéndose en un cementerio de cadáveres jóvenes.


jueves 8 de octubre de 2009

LA ÚLTIMA UTOPÍA


Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en suplemento 'Cultura/s', La Vanguardia, Barcelona - Número 381

El inicio de la construcción del museo arqueológico de Alejandría (Egipto) está previsto para comienzos de 2010. Posiblemente, como corresponde a la fascinación que todavía sigue despertando el nombre de esta ciudad fundada por Alejandro Magno en el año 331 A.C., evocando la concepción más romántica del esplendor de la Antigüedad, este edificio pudiera convertirse en un edificio a través del que pudiera formularse alguna metáfora necesaria para nuestro tiempo.

El proyecto elaborado por el arquitecto francés
Jacques Rougerie para este edificio, que se convertirá en el primer museo subacuático, aparece en el contexto presente (dominado por las exageraciones de edificios-objeto producidos antes por la obsesión en tensar al máximo las posibilidades de las herramientas tecnológicas que en construir para el individuo y las circunstancias de la realidad) como un ejemplo de trabajar desde la comprensión de que es necesario un trasfondo poético que sustente las ambiciones tecnológicas.

El edificio de Rougerie, quien desde los años 70 lleva desarrollando una investigación arquitectónica que ha alcanzado sus logros más interesantes en el diseño de construcciones submarinas, al que se accederá desde una construcción sobre tierra y desde la que se penetrará hacia la estructura submarina, donde se sitúa el centro crucial del museo, permitirá el reencuentro con los vestigios de Alejandría que quedaron sepultados bajo las aguas del Mediterráneo a finales de la edad antigua, y que han sido hallados en las investigaciones arqueológicas que se han venido llevando a cabo en la zona desde 1994. Esculturas, bloques de granito que se presumen pertenecientes a la estructura del Faro de Alejandría, restos de naufragios… Fragmentos de historia que podría dañarse irreversiblemente si salieran a la superficie y cuya preservación hace que concebir un museo subacuático no sea una mera extravagancia; y en donde esas piezas intocables, que deberán permanecer sumergidas para siempre, protegidas por paneles de fibra de vidrio, adquirirán, envueltas en agua, un aura de belleza y simbolismo seguramente únicos.

El elemento formal que distinguirá desde la superficie la presencia del edificio serán cuatro estructuras altas, representado los puntos cardinales, inspiradas en la forma de las velas de las embarcaciones que recorren el Nilo desde épocas remotas, y que simbolizarán la luz emanada por el Faro de Alejandría.

En su integridad se trata de un reto constructivo complejo, y el estado de crisis ecológica en que el mundo actual vive sumido obliga a sopesar muy cautelosamente un proyecto de este tipo que, de prosperar, idealmente pudiera constituir un planteamiento para abrir posibilidades a nuevas formulaciones de relaciones del hombre con el medio natural y cómo definirlas para asegurar un vínculo de equilibrio entre ambos.


La posible diferencia entre la visión de Rougerie y otras intervenciones en que se ha ocupado artificialmente el medio acuático sea la utopía idealista con la que este arquitecto ha imaginado mares y océanos como ‘nuevos continentes a descubrir’, alentado por la fantasía de las historias de Julio Verne, las investigaciones científicas de Jacques-Yves Cousteau y referencias de culturas con vínculos profundos con el mar.

Una burbuja, ‘una perla de aire: algo que puede resistir una presión increíble y adoptar cualquier tipo de formas, que es un enigma y a la vez una fuente de inspiración’, ha alentado siempre a Rougerie una filosofía desde la que reflexionar la creación de la arquitectura sobre tierra, bajo agua, en el espacio. La propia ambición para hacer del Museo de Arqueología de Alejandría, un lugar en el que la emoción de la vivencia resulte indescriptible 'la manera en que el astronauta no puede compartir con nadie cómo es la sensación de hallarse en el espacio' subyace la esencia de su búsqueda que se concreta en esos proyectos construidos de laboratorios y hábitats submarinos y otros, imaginados: la arquitectura como una exploración aventurera, desprenderse de miedos y hacer habitable lo desconocido, asumiendo este impulso como algo inherente en la evolución del hombre hacia el futuro.

La pregunta que obliga a hacerse el espíritu que guía la arquitectura de Rougerie es cómo volver a atreverse a la utopía cuando las quimeras arquitectónicas de la última década han enturbiado la posibilidad de creer en la pureza de la ambición humana y el significado de la conquista. Tal vez su obra sea el mejor testamento a aquella pasión de la imaginación y la razón.

sábado 3 de octubre de 2009

PUNTO DE CONFLUENCIA


Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en ABCD las Artes y las Letras - Número 917

En el marco de un coloquio celebrado hace aproximadamente un año, un grupo de jóvenes arquitectos de Zaragoza se preguntaba e inquiría a un grupo de colegas, procedentes en su mayoría de Madrid y Barcelona, acerca de cuáles podían ser las acciones mediante las que señalar e intensificar su posición dentro del mapa de la arquitectura española presente.

Esa pregunta aparecía formulada tal vez a causa de la sensación de presión que ejercería la conciencia de encontrarse en el centro del imaginario tour de force que se dirime entre las dos principales ciudades del Estado, y por la relación que casi todos guardan con ambas ciudades, por haber tenido que emigrar para formarse como arquitectos en alguna de ellas, una situación que no han tenido que afrontar profesionales de Sevilla, Valencia, San Sebastián, Granada, A Coruña… ciudades que cuentan con sus propias escuelas. La inquietud de los arquitectos zaragozanos ante cómo replantear su situación parecía hallar una razón de peso para incrementarse en estos momentos asimismo por la percepción de su ciudad como un eje de fuerza centrífuga, provocada por la sensación de hallarse a una distancia de apenas ochentaminutos de AVE entre Madrid y Barcelona – un factor que debe considerarse específico en este caso, ya que una similar reivindicación de visibilidad podría formularse en muchas otras ciudades españolas. Otro de los motivos de esa inquietud era ver la conclusión, un tanto desalentadora, de ExpoZaragoza 2008, que representó cambios significativos en la formulación de una nueva identidad para la ciudad y el potencial de sus dinámicas arquitectónicas, pero que también dejaba un pesado lastre y muchos interrogantes sobre qué hacer con ese elefante blanco, que a día de hoy todavía permanece irresuelto.

Transcurrido un año de aquel encuentro, la ciudad cuenta con dos escuelas de arquitectura: una pública, dependiente del Centro Politécnico Superior de la Universidad de Zaragoza, que inició su andadura el curso pasado; y la recién inaugurada Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Zaragoza Universidad San Jorge (ETSAZ USJ), sobre la que se hace preciso hacer notar la particularidad de que el aula donde se impartirán seminarios es una de las salas de espera de la Estación Intermodal Delicias. Éste es un gesto elocuente, una expresión de la determinación de modificar el estado de la situación y crear nuevas sinergias: revertir lo que antes era una posición centrífuga y podía constituir un factor en contra, y convertir la posición de Zaragoza como paso de tránsito entre ambas capitales en un punto de encuentro, usar literalmente la estación como reflejo de Zaragoza como ese enclave simbólico donde detenerse, donde hacer posible que se congreguen (AVE mediante) docentes procedentes de Madrid y Barcelona, augurando para un futuro la posibilidad de quebrar esa bipolaridad y propiciar el surgimiento de una nueva red de relaciones. En esta sala se celebró el pasado 11 de septiembre una sesión inaugural donde se presentó el proyecto de esta nueva escuela a través de un coloquio donde participaron Félix Arranz y Santiago Carroquino, director y director adjunto de la ETSAZ USJ respectivamente, así como los estudios Ecosistema Urbano (Madrid) y BOOPBAA (Barcelona) –que ejercerán como docentes-, con representantes de la última generación local como Cerrejón, Lacruz, Sanfelipe, de Yarza, Mas, Grávalos y y asimismo se otorgó la palabra a diversos invitados cuyas bases profesionales se encuentran en diferentes capitales del país, y que posibilitarán el tejido de esa red sobre la cual tiene como objetivo sustentarse la escuela.

La ETSAZ USJ nace con la intención de plantear unas estructuras de formación coherentes con las necesidades y expectativas que la profesión de arquitecto requiere dentro de los parámetros del siglo XXI, teniendo asimismo muy presente el modo en que su posición y escala se convierten, como subraya Arranz, en factores esencialmente definitorios del modo en que ésta aspira a constituirse como un agente activo. “Se trata de una escuela de arquitectura de dimensión pequeña: por lo tanto, ágil y receptiva. Su estratégica situación geográfica en la encrucijada de Madrid, Barcelona, Bilbao, Pamplona y Valencia nos animan a pensar en un proyecto que trasciende las condiciones locales para apoyarse y orientarse en una situación directamente nacional e internacional.

La ocasión de este debate y el nacimiento de la ETSAZ USJ llevan a advertir de la necesidad de reflexionar a fondo acerca del estado de la formación de los arquitectos. Éste es la aportación fundamental que tuvo este encuentro, que hizo converger una conjunción de inquietudes y visiones internas y externas a la ciudad.

Una primera reflexión obligatoria a nivel general sobre la enseñanza académica de la arquitectura es meditar cómo establecer un sólido plantel docente frente a la situación de crecimiento exponencial (y, podría decirse, desmesurado) de nuevos centros de aprendizaje de arquitectura –tanto públicos como privados- que actualmente se está produciendo .

La ETSAZ USJ se funda desde la pregunta esencial de cuáles son las maneras a través de las que rearticular la enseñanza de la arquitectura en un tiempo confuso, en un panorama que precisa de más redefiniciones que de afirmaciones, y en donde las escuelas se enfrentan a un presente que se debate entre la obsesión por enriquecer la universidad con nombres en boga antes que con verdaderos enseñantes, nombres que se transforman en ubicuos, o el estancamiento por el que han optado otras escuelas y que las han imbuido de un inmovilismo que las ha acabado excluyendo de estar interviniendo en la discusión real, como muchas reconocidas escuelas a nivel internacional, que viven hoy más de la frivolización del prestigio que antaño se labraron y con una tendencia clara a la omisión de reconocer entre sus competencias el promover y acoger un debate riguroso. Un estado presente contra el cual una nueva escuela debe afirmarse consciente y reactiva.

Indudablemente, la parte más importante en este proyecto de escuela va a estar a cargo de los arquitectos locales, razón por la que se hace necesario señalar que el proyecto sea lo más riguroso y coherente posible, no dejándose seducir por lo efímero y asumiendo que no todo es posible en un ámbito académico: que además de los alumnos deben formarse los docentes, y que es indispensable priorizar la solidez del conocimiento y el intercambio de ideas por sobre la mera producción de imágenes arquitectónicas huecas. También será fundamental ahondar en cómo va a ser la relación de la escuela con la sociedad local de la que forma parte, a fin de evitar el aislamiento de ésta con respecto a la dinámica de la ciudad que se produce por desinterés o desconocimiento, hacer de la ciudad un sujeto de la universidad, propiciando romper con el hermetismo y el desprecio de ciertos nuevos arquitectos por la arquitectura ordinaria.

Como antecedente de este concepto de posición de Zaragoza como punto de convergencia puede citarse el nacimiento del GATEPAC, cuya carta fundacional se redactó en el Gran Hotel de esta ciudad en 1930. Un encuentro que entonces fue propiciado por el arquitecto aragonés Fernando García Mercadal y que hoy puede suponer una analogía estimulante.

Imagen cortesía de Angel Comeras