Por Fredy Massad y Alicia Guerrero Yeste
Publicado en ABCD las Artes y las Letras - Número 875
La sede para TEA Tenerife Espacio de las Artes es el último proyecto firmado por Herzog & de Meuron que se concluye en España, desarrollado en asociación con el arquitecto tinerfeño Virgilio Gutiérrez
Sito en el rehabilitado casco antiguo de Santa Cruz de Tenerife, al margen derecho del Barranco de Santos, el edificio cuenta una superficie de 20.622 m2 construidos. Su diseño, según los autores, se basa en una serie de elementos diagonales en planta y suelos inclinados que tienen que ver con la estratificación, planos y líneas de su emplazamiento y que tratan de permitir que el espacio público penetre con fluidez hacia el interior del edificio, de manera que a través suyo el barrio antiguo de la capital quede conectado con la zona moderna. Asimismo, la integración dentro de este edificio del Instituto Óscar Domínguez, el Centro de Fotografía Isla de Tenerife y la biblioteca de la Red Insular ha dado lugar a un concepto interior donde espacios y actividades estén entrelazados y conectados entre sí pero preservando su propia individualidad.
El edificio ha sido puesto en funcionamiento con tres exposiciones, pero resulta inevitable tener en cuenta el casi inexplicable hecho que la biblioteca se encuentra aún virtualmente vacía, como hecho que parece venir a corroborar la cierta sensación que el proyecto de política cultural tras el TEA se ha reducido básicamente a la mera proclamación de posesión de este edificio firmado por Herzog & de Meuron. Enfatiza esta impresión el que Jacques Herzog concluyera su intervención en el discurso de inauguración del edificio desafiando lo que él tildaba como de incomprensión ciudadana hacia el proyecto. Afirmaba así cómo la arquitectura producida por las grandes estrellas de su calibre ha perdido contacto con las necesidades reales y, lo que es peor, también el interés por ellas, y cómo arquitectos y poder político se complementan para construir solamente espectacularidad estéril y propagandística, que sólo acrecienta el narcisismo autista de ambas partes.
El arquitecto puede estar sujeto y, hasta cierto punto, mostrarse complaciente por propia conveniencia con los vaivenes y delirios políticos, pero en todo momento debiera ser capaz de saltar por encima de ellos con inteligencia y concentrarse en el valor propositivo de sus obras. Desafortunadamente, la obra reciente de Herzog & de Meuron se ha convertido en el paradigma de un tipo de edificios que no corrigen, ni subsanan, ni depuran la ignorancia política sino que se transforman en cómplices de un objetivo político cuya única finalidad es poseer y exhibir propagandísticamente el edificio de firma.
Arquitectónicamente, el TEA se reduce a ser una mera proposición ornamental, que si en el caso de la remodelación de la Plaza de España de estos mismos arquitectos en la misma ciudad logra crear un pequeño espacio público punteado por detalles que, sin hacerla sobresaliente, la dotan de una presencia urbana agradable y de cierta calidad, aquí convierte en una toma de posición ostentosa, de un protagonismo mal formulado. El exterior es una pesada masa oscura salpicada por huecos de heterogéneas formas y medidas obtenidas a partir del pixelado ampliado de una fotografía de los reflejos del sol sobre el mar, como referencia a lo local, y que permiten generar un efecto de iluminación cuyo efecto se percibe al máximo en la sala de la lectura de la biblioteca. Aquí, la creación de una especie de paisaje interior formado por una profusión de lámparas, la yuxtaposición del muro de hormigón perforado frente a la transparencia del gran ventanal tras el cual se encuentra un segundo muro suavemente policromo -lo que debe entenderse esencialmente como un ejercicio de decoración- crea un ámbito agradable y que potencialmente es el que podría devenir un buen espacio para uso de todo tipo de público.
El edificio del TEA transmite una lección que, aunque sabida, es necesario volver a repasar: Qué sentido tiene, además del efecto de los efímeros focos mediáticos, recurrir a unos arquitectos como Herzog & de Meuron cuya concentración en este proyecto se percibe cuanto menos débil. Siendo una oficina operando a escala global, los proyectos de macroestudios terminan siendo diseñados por arquitectos anónimos y sobre los cuales los directores de la firma poseen una escasa responsabilidad propositiva. En el proceso de obra su intervención es únicamente interpretar el papel de prima donnas neuróticas y autoritarias que se concentran sólo en producir el detalle decorativo que actúe como etiqueta de su marca, habiendo quedado el arquitecto local, Virgilio Gutiérrez, a pleno cargo de la responsabilidad de lograr la buena materialización del edificio.
A estos niveles, se ha perdido la noción de arquitectura como diálogo entre el arquitecto y la esfera cívica. No por mor de una cuestión ideológica –que sería también reprobable- sino más bien por la desgana y la falta de intención de realizar un serio ejercicio de reflexión y compromiso. El arquitecto de firma se escuda en su posición elitista. El TEA es el ejemplo claro de una apuesta por la arquitectura de marca más que por la arquitectura de servicio. Ésta es la tendencia.
Siempre pensé que ser un arquitecto que trabaja a escala local no debe ser obstáculo para desarrollar un proyecto adecuado al lugar. Muy acertada la opinión de que si bien no deben ser los arquitectos titulares los creadores de la obras, sí que deben ser los responsables de la misma.A pequeña escala también ocurre esto, o al menos a ocurrido, con el boom de la construcción y el gran volumen de trabajo que ha generado en los estudios locales que en muchos casos han hecho edificios, residenciales principalmente, como churros: este que hice aquí me entra también allí y acabo antes para hacer otro "pitufo" más este mes. Creo que habría que estudiar la conveniencia de realizar proyectos en cantidades industriales alejados de las necesidades de las personas, no estamos haciendo coches sino edificios.
ResponderEliminarPerdón a escala global quería decir.
ResponderEliminarel artículo de freddy massad peca de una tremenda ignorancia del contexto concreto en el que se han producido tanto el tea como el espacio de la plaza de españa en santa cruz de tenerife. por otro lado la extensión, caso la mitad, que se emplea en una crítica genérica a la figura del arquitecto estrella, con la que por otro lado es difícil no estar de acuerdo por lo elemental de su planteamiento, es inversamente proporcional a la brevedad del análisis al edificio, que obvia los interesantísimos hallazgos a nivel material, paisajístico y constructivo de éste: la manera en que se resuelve la relación con el barranco creando de un espacio público tridimensional a lo largo de él y a través del edificio, la simplificación al máximo de los detalles constructivos, casi a la brasileña, aprovechando el clima local, y en general la obtención de una imagen rotunda y de gran abstracción que parece inspirarse en algunos de los momentos más bellos del paisaje canario. obviamente, como no puede ser de otra manera, el edificio contiene errores que se podrían haber evitado fácilmente, y que probablemente son fruto de la complacencia de un estudio de la dimensión y el éxito de h&dm, pero tampoco son explicados por el señor massad. en definitiva, el artículo exhala una dejadez intelectual, y una falta de conocimiento específico de la profesión del arquitecto escandalosas, encubiertos tras un manto de ética profesional. sinceramente no creo que ésta sea la manera para depurar los, por otro lado indiscutibles, problemas y debilidades que la cultura mediática han creado en el mundo de la arquitectura.
ResponderEliminarMuy bueno tu articulo sobre la sede para TEA ... es reconfortante ver traducido en un texto una sensacion que me acompaña por estos dias, y no solo por ese caso en particular...
ResponderEliminarun abrazo ...!
excelente la reflexión sobre el TEA. ¿Llegará la saturación sobre la "arquitectura de marca" y se revalorizará la arquitectura QUE marca...?
ResponderEliminarquizás tenga razón el señor franco en su exposición, pero resulta que el tea se ha concebido como museo, y sus salas dejan mucho que desear para una exposición correcta de obras de arte que no sean pinturas (en pleno siglo xxi que estamos); no tienen luz natural; su biblioteca, que es la de la red insular, no funcionará hasta dentro de un año a pleno rendimiento... si se trataba de hacer un museo, esto se le parece poco
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